Bueh, ayer y el viernes antepasado no hubo nostalgi-viernes por problemas de tiempo. Pero le prometo a mi numerosa (?) audiencia que para la próxima semana volvemos con la programación habitual. Por lo pronto, les traigo una historia que maquiné en mi mente ayer viernes, por desparche y por otras varias cosas que no valen la pena profundizar... Pasenle y lean, gracias por sus comentarios!
“Piiiiiiip, piiiiiiiip, piiiiiiiip”, pitó el despertador a las 6:00 am. del viernes 25. Juan tenía la costumbre de dejar la alarma a esa hora, para así hacer un poco más de pereza antes de que fueran las 6:20, e irse a bañar, vestir, preparar el desayuno y comérselo, para dirigirse luego a su colegio. Pero esta mañana, él decidió levantarse apenas fue despertado por el pitido del reloj. Como todos los días, se dirigió al baño, abrió la llave y se duchó. Salió, se vistió, se perfumó con su axe conviction y fue directo a prepararse su alimento… cuando, sorprendido, vio que su madre se había levantado temprano y le había servido huevos pericos, pan y jugo de naranja, su desayuno favorito. Feliz, agradeció a su progenitora y se dispuso a comer, algo sorprendido y confundido de la amabilidad de su, comúnmente, parca madre. Volteo a mirar su reloj y vio que apenas eran las 6:30. Entraba a clases a las 7:30, por lo que normalmente salía de su casa a las 6:50 (el bus demoraba de 20 a 30 minutos). Decidió hacer un rápido zapping a su televisor, sin encontrar nada más que programas burdos, sin sentido y el de Jota Mario. Antes de abandonar su hogar, su madre le entregó 25.000 pesos, mucho más que los 3.000 que le daba a diario. Ante la inquietud de Juan acerca del porqué le había pasado tal cantidad, ella sólo comentó que el día anterior había sido quincena, y que esta vez quería premiarlo por su rendimiento, con base en el hecho que esa noche recibiría las notas del periodo. Finalmente, no indagó más y salió a abordar el bus cuando las manecillas del reloj marcaban las 6:43 am.
Mientras el vehículo se dirigía a su destino, Juan se distraía escuchando canciones en el reproductor mp3 de su celular. 6 minutos pasadas las 7 de la mañana, llegó a la puerta de su colegio. Esperando que sonara el timbre de ingreso a clases, Juan se dedicó a revisar sus cuadernos minuciosamente, para corroborar que ningún trabajo se le hubiera pasado por alto. Poco a poco sus compañeros fueron llegando. Entre ellos Paula, aquella chica de la cual él se había enamorado; pero que parecía pararle más bolas al conserje que al pobre Juan. Como cada 2 semanas, se llenó de valor y la invitó a salir por la tarde. Pero esta vez Paula no tenía un tío enfermo, que cuidar al hermano o que llevar al perro al veterinario. Ante la mirada atónita de un enmudecido Juan, ella aceptó y le dijo que podía pasar a recogerla a la casa a las 3:00 pm. Él solamente asintió con la cabeza, y justo después sonó el timbre.
Las clases pasaron en total normalidad… hasta la última. Primero, el profesor de Cálculo entregó los resultados del examen final. Aquel que Juan había hecho gran parte al ‘pinochazo’ porque no había estudiado muy bien la noche anterior. La suerte lo acompañó esta vez, y sacó un sobresaliente, que le permitió que la nota final fuera excelente.
El segundo hecho curioso fue extraacadémico. Antes de acabarse la clase, cuando todos se encontraban hablando temas diversos entre sí, se le acercaron Carlos, Iván y Javier. Aquellos que sólo determinaban a Juan cuando necesitaban copiar la tarea de historia o la investigación de filosofía.
- “Parcero, ¿verdá que usté va a salir con Paula esta tarde?”, preguntó Carlos
- “Eh, sí... ¿por?”, respondió entre orgulloso y extrañado Juan
- “No nada parce… es que nosotros estamos organizando una rumba pa’ esta noche, tonces era pa’ ver si se le pegan al parche… es a las 9 … yo le timbro por la tarde pa’ que me confirme…” le explicó Carlos
- “Eh… listo, por la tarde te confirmo…” contestó un extrañadísimo Juan
“Piiiiiiiiiiiiiiiip, piiiiiiiiiip”, sonó el timbre que anunciaba la hora de salida. Antes de irse, Juan le recordó a Paula que la recogería a las 3 de la tarde, a lo que ella felizmente asintió. Rápidamente llegó a su casa, se cambió y buscó los ahorros que tenía en su alcancía desde hace tiempo. Los juntó con los 20.000 que aún le quedaban de lo que le había pasado su madre por la mañana, y salió a la casa de Paula. Llegó allá faltando 15 minutos para las 3. Y aunque le tocó esperar a la chica por casi media hora, la mueca de felicidad no se le quitaba del rostro.
Llegaron a un centro comercial de la ciudad. Se dirigieron a comer helado, a tomarse unas fotos, a hablar en el parque y, finalmente, fueron a las salas de cine a ver una película.
- “Piiiiiiiiiiiiiip, piiiiiiiiiiiiiip, piiiiiiiiiiiip, piiiiiiiiiiiiip”
Sonó el celular, un Nokia 6131 desgastado por el tiempo, cuya pantallita delantera lucía un gran rayón y un negro perpetuo. Era un mensaje de texto. Con mucha vergüenza, la mirada rabiosa de varias personas que se hallaban en la sala y la risa burlona de Paula, Juan salió a ver el mensaje fuera de la sala de cine. Textualmente decía algo como “parc n fin si van a vnir?”. A pesar de que lo pensó muy bien, debido a que no era de ir a rumbas y su experiencia en el baile eran sólo los pasos que -obligatoriamente- había aprendido con la tía Jacinta, volvió a la sala y en voz baja le preguntó a Paula, quien aceptó sin mayores condiciones. Salió de nuevo y confirmó con un corto pero conciso “claro que sí, allá estaremos”.
Terminó la función de cine y arrancaron a la casa de Carlos. Allá los recibieron muy bien, a pesar de las, aún existentes, dudas de Juan por el repentino cambio de los 3. Se tomaron unas cervezas, socializaron un poco y a la pista… A pesar del temor de Juan, las clases de la tía Jacinta fueron suficientes para demostrar que tenía mucho swing, incluso más que muchos de los ya conocidos como los rumberos in extremis del salón. No se preocupó por indagarles a Carlos, Javier e Iván mucho de su cambio. Sólo les preguntó el porqué de la invitación. En tono suave, alejados de los demás y cordialmente, le respondieron: “parce, porque porfin lo logró… invitar a Paula a salir era un reto pa’ cualquiera de nosotros… y lo logro parcero… mis respetos…”. Visiblemente feliz, y con una dicha que no se la podía quitar nadie, regresó a la pista de baile, y mientras disfrutaba de un romántico vallenato con su amada Paula...
- “Piiiiiiiiiiiiiip, piiiiiiiiiiiiiip, piiiiiiiiiiiiip...”
Revisó, pero esta vez no era su celular, así que no se preocupó y siguió...
- “Piiiiiiiiiiiiiip, piiiiiiiiiiiiiip, piiiiiiiiiiiiip...”
El pitido no se detenía. Todos se preguntaban de dónde provenía, pero nadie daba con el aparato que emitía tal sonido.
- “Piiiiiiiiiiiiiip, piiiiiiiiiiiiiip, piiiiii ...”
Silencio total. Juan había logrado callar el pitido. Eran ya las 6:45 am del viernes 25, y la ducha esperaba por él...

5 comentarios:
Bueeee una gran historia, con un final perdedor. Las cosas como en los sueños solo se llegan a pasar al plano de la realidad, si parte de su mistica se guarda en el secreto mas profundo, si hay algo oculto, habra por que luchar, tendremos que demostrarle a mas personas que sin saber y sin importar las adversidades, siempre estara latente la esperanza de salir victoriosos y que nunca por mas grande que sea el obstaculo nos podemos dejar golpear, la vida solo da revanchas para cada uno de nuestros fracasos y tenemos que aprovecharlo. Vamos que esto es Nuestro y Nada se ha perdido (Como dirian las porristas de Colegio (?)).
EXITOS !!!
Despierta LOSER!!!!! jejejeje ahhh alvin excelente cuento, mejor suerte con Paula la próxima vez
buen post, sabe, siempre me pasa algo asi con el despertador, especialmente cuando tengo clase de 6, jejeje.
suerte
Muy buen Post...Y bueno, a mi me ha pasado que suena el despertador en el sueño en que Ana sofia Henao está a punto de tirarse por el balcón dizque por que yo no la determino (???)
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